HUMOR Y PODER


HUMOR Y PODER

 

“El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa”, Nietzsche.

 

Nunca olvidaré cuando Carlos Andrés Pérez, uno de los denostados de la IV República, tuvo la osadía de ir al encuentro de su propia parodia sentándose en la primera fila de un teatro capitalino para ver cara a cara, y reírse de sí mismo, a Cayito Aponte, su más fiel y acertado imitador en los programas televisivos, sobretodo, en la Radio Rochela.

Eran otros tiempos. Eran los tiempos de una democracia joven e imperfecta, pero democracia al fin y al cabo. Porque permitía la crítica y la existencia de una oposición, muchas veces un tanto desordenada e irresponsable, pero cuyos excesos ante el poder de turno eran permitidos por el marco legal vigente amparados por la Constitución del año 1961.

Los actores de la Radio Rochela, y hasta el mismo Joselo, podían burlarse de los hombres en las alturas del Poder sin que les zurraran o les amenazaran de una u otra forma. Por cierto, un converso Joselo, dejó de hacerlo cuando le tocó padecer una indecorosa decadencia. Sobre la Radio Rochela y la interpelación que hacían todos los lunes a los problemas del país desde un humor sabio e inteligente, ya sabemos lo que le ocurrió luego del cierre de RCTV en el año 2007.

Hablar de respeto a los artistas y humoristas, que por naturaleza son disidentes y contestatarios, es una de las bazas de la democracia auténtica. Hoy, en Venezuela, el poder persigue al humor porque le incomoda y le desnuda en sus prácticas autoritarias.

A la caricaturista Rayma Suprani la despidieron de El Universal por una caricatura que hacía alusión a nuestro deteriorado sistema de salud pública. A Roberto Weil se le acusó en su momento de haber instigado el asesinato del diputado Serra a través de una viñeta que envió en septiembre aunque fue publicada en octubre, cuatro días después, del suceso. Ni siquiera los caricaturistas extranjeros se salvan: tal es el caso de Vladdo, quién publica en la revista Semana de Colombia y cuyo dibujo sobre un escudo nacional maltrecho molestó mucho a Maduro.

El expediente más reciente, montado por un régimen que acumula 291 presos políticos en 17 años, fue dirigido contra Laureano Márquez y Emilio Lovera. La obra “Laureamor y Emidilio”, un show dedicado al amor que cumple diez años en las tablas, y que se iba a realizar en algunos teatros del interior del país, fue clausurada por: “operativo de revisión de deberes formales”. Lo “extraño” del asunto es que el Seniat sólo aplicó la estrambótica medida en los teatros que presentaban el cartel de la obra. A Lovera no le quedó más remedio que decir por el twitter: “La única inteligencia del poder es reconocer la fuerza del humor. Aquí estamos”.

La risa no sólo es terapéutica, sino transgresora. Cuando el poder es serio en exceso y arrincona a sus humoristas podemos medir la calidad de las libertades que dice amparar. Y en nuestro medio, ya hay muy poco disimulo en tolerar a una risa que decide retar las desviaciones de un poder que censura, persigue y aplasta. La risa liberadora, el humor inteligente y la poetización de la vida mantienen su vigencia en una Venezuela ávida de respeto absoluto a sus libertades consagradas en la Constitución vigente.

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ

Una respuesta to “HUMOR Y PODER”

  1. alexis Says:

    Buen artículo sólo qué se le olvidó decir claramente qué las dictadura se comportan así

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