UNA MARACUCHA EN EL POLO NORTE


UNA MARACUCHA EN EL POLO NORTE

Afortunadamente la emigración venezolana se hace en avión y bajo unos medios de apoyo, en muchos casos, relativamente buenos. Hay que recordar que los que están emigrando, (ya van dos millones), son miembros de la clase media profesional. No es el caso de los libios y norteafricanos que acaban de naufragar frente a Malta en el Mediterráneo con más de 800 fallecidos. Los niveles de la desesperación poseen decibeles distintos aunque la motivación es única: huir de la pobreza y construir un futuro mejor.

¿Cómo es posible que ésta “Tierra de Gracia”, bendecida por Dios, con ingentes recursos naturales, como el petróleo, esté considerado un país piltrafa? De paso, es bueno señalar el significado de piltrafa: “Cosa muy estropeada o de aspecto desastroso”.

El legado chavista le vincula al pecado. Representa una de las regresiones históricas más terribles en pleno siglo XXI. Y todo ello bajo el signo de la impericia y el absolutismo. Nuestra juventud está huyendo porque la angustia le corroe y ha perdido las esperanzas de una buena vida en su propia patria.

Hay gente que piensa que emigrar es equivalente a echarse un paseíto por los centros comerciales de Miami, o ir a las vistas de Paris desde la Torre Eiffel. Que va. Emigrar es quedarse roto y desarraigado. Emigrar es un nuevo comienzo en un entorno extraño, y hasta hostil. Emigrar es vivir como un meteco (extranjero) bajo la mirada sospechosa de los nacionales que te acogen siempre con reservas, a menos que les seas útil en esos trabajos manuales y serviles que nadie quiere acometer.

Me acabo de enterar que una compatriota maracucha emigró hasta Islandia, guarida de los antiguos vikingos y donde la nieve es casi eterna por su cercanía al Polo Norte. Ella, que siendo Comunicadora Social, huyendo de la anomia tropical, terminó siendo mesera en un restaurante, se dice “feliz y sola”. Y no hay duda que encontró las amables regularidades de una vida social basada en el orden y la prosperidad. Una calidad de vida que está ausente hoy de Venezuela. ¿Aunque a qué costo?

Sería antipático juzgar a nuestros emigrantes si marcharse fue una buena o mala decisión. Lo que uno lamenta es que ese caudal humano profesional y joven es fundamental, estratégico, para engrandecer a Venezuela y no a otras naciones.

Lo más perverso de éste tema es que el mismo régimen bolivariano es el principal interesado en alentar la huida de la clase media por considerarla enemiga de su proyecto hegemónico, bajo el cálculo indisimulado e inmoral, que reinar en las ruinas es sólo una anécdota.

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ

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