PADECIENDO LA HISTORIA


PADECIENDO LA HISTORIA

Cuando yo estudiaba la historia y sus horrores en los distintos libros de consulta escolar siempre lo hacía con una gran indiferencia. Me parecían relatos salvajes sin vida ni espíritu. Situaciones pasadas, todas anónimas salvo la presencia omnipotente de los héroes, delineadas por una bruma difusa y opaca que no tenían nada que ver conmigo ni con la sociedad en la que estaba creciendo.

La historia era un cuento de fantasía, un relato inverosímil aderezado por la aventura. No había drama ni tragedia porque esos eventos ya se habían disipado en el recuerdo bajo la impronta del todopoderoso olvido. Vista así la historia era algo inofensivo, sólo una materia fastidiosa que nos torturaba la memoria con el aprendizaje de fechas y personajes inútiles.

Ya más grandecito, en la universidad, nos hicimos profesionales de la historia y desde lo académicamente correcto nos dimos ínfulas de científicos. Trabajamos con documentos inextricables, papeles viejos y amarillentos, cuya caligrafía confusa nos hacía dudar sobre los verdaderos significados de las palabras y propósitos de sus autores. Testamentos de gente ya desaparecida de ésta faz de la Tierra, espíritus y fantasmas, a los cuáles tratábamos de insuflarle una vida imposible.

Eran los tiempos del bipartidismo adeco/copeyano. No sabíamos nada de guerras civiles, golpes de estado, dictaduras y presos políticos, referencias éstas de un pasado oprobioso aunque ya superado. Manuel Caballero ha reivindicado éste periodo bajo el signo de la paz. Y si es cierto, había paz y un proyecto democrático intermitente que no sabía lidiar con temas claves como el de la pobreza de un pueblo y un Estado groseramente rico y manirroto. Hasta llegar a la gesta/traición, depende del prisma como se le vea, de los golpes de estado del año 1992 y el inicio en el año 1999 de la era chavista/bolivariana.

Lo cierto del caso es que con los bolivarianos, un proyecto hegemónico y anti-democrático, se han exacerbado todas las contradicciones negativas que se encuentran en el tejido histórico de los venezolanos. Volvimos a una guerra civil bajo el comando del hampa desatada, contabilizándose hasta 250.000 asesinatos durante el periodo de 16 años. Violencia ésta incontenible porque la necesidad ha terminado por acrecentar a la pobreza, y la pobreza se expresa como el factor más desestabilizador para una sociedad en cualquier circunstancia.

De igual forma el gobierno bolivariano, mediocre en su rendimiento, ha destruido el aparato productivo nacional impidiendo las necesarias inversiones para que los ciclos de prosperidad se puedan alentar. Ni hablar del colapso de los servicios públicos ni del drama del desabastecimiento de alimentos, repuestos y medicamentos. A esto se le agrega la destrucción de la moneda bajo la voracidad de la inflación.

El resultado es el desquiciamiento más absoluto, la siembra de la desesperanza y la creencia de que el futuro está clausurado. Por fin, y sin quererlo, ahora sí que estamos dentro de esa historia como sufrimiento, esa que aparece en los libros y que sentíamos que no tenía nada que ver con nosotros. De cómodos espectadores ahora nos hemos convertido en víctimas.

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

@lombardiboscan

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