EL VENEZOLANO EN BUSCA DE SENTIDO


EL VENEZOLANO EN BUSCA DE SENTIDO

¿Cuál es el sentido de la existencia humana? El vivir, aunque como no somos vegetales verdes ni una piedra inerme, el objetivo de una vida es la trascendencia, la de vivir a través de valores. “El ser humano es el ser en busca de sentido”. Premisa ésta que sirve de epicentro a la teoría de la logoterapia cuyo creador fue Viktor Frankl (1905-1997), un psiquiatra vienés sobreviviente de los campos de concentración nazi, y cuyos aportes a la psicología humana lo ubican a los mismos niveles de un Freud o Jung.

Donde Frankl expone sus tesis psiquiátricas, siendo el mismo su propio auto experimentador, es en el libro: “El hombre en busca de sentido”, (1946). Libro testimonial sobre el sufrimiento y la esperanza humana en unas condiciones de total adversidad. “El sufrimiento es un aspecto de la vida que no puede erradicarse, como no pueden apartarse el destino o la muerte. Sin todos ellos la vida no es completa”. El epicentro de ésta premisa es la libertad humana con responsabilidad pasando y superando las pruebas más duras de la vida porque el todo humano individual se reviste de sentido espiritual.

Si Viktor Frankl fue capaz de sobrevivir al horror de los campos de concentración, auténticas fábricas de la muerte y del despojo humano en sus formas ontológicas más perversas, los padecimientos de los venezolanos actuales en ésta Venezuela crepuscular y desfalleciente tienen que ser visto como una marcha triunfal. “Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito. O, Muchos de los prisioneros del campo de concentración creyeron que la oportunidad de vivir ya les había pasado y, sin embargo, la realidad es que representó una oportunidad y un desafío: que o bien se puede convertir la experiencia en victorias, la vida en un triunfo interno, o bien se puede ignorar el desafío y limitarse a vegetar como hicieron la mayoría de los prisioneros”.

Estas asertivas reflexiones de Frankl rompen con nuestros esquemas de pensamiento y comportamiento de venezolanos petroleros a quienes nos hicieron creer que podíamos vivir de la fantasía del sin esfuerzo para lograr nuestras grandes metas nacionales, que de paso, nunca existieron de una forma cabal. La Venezuela rica y libre de contratiempos fue un momento de fugacidad porque nuestra historia es más bien el recuento de una violencia indómita y enfermiza.

El actual desastre nacional, profundizado por una de las clases dirigentes más corruptas e ineptas de nuestra historia, es sólo una prueba más de nuestra resistencia al infortunio. Y no es nada si la comparamos con otros estruendos aniquiladores como ocurrió con nuestra glorificada Guerra de Independencia o la misma Guerra Federal entre otros descalabros político/sociales que la historia escolar, esa que miente sin disimulo, se encarga de encubrir. “Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir, ha de aceptar dicho sufrimiento, pues ésa es su sola y única tarea. Ha de reconocer el hecho de que, incluso sufriendo, él es único y está solo en el universo. Nadie puede redimirle de su sufrimiento ni sufrir en su lugar. Su única oportunidad reside en la actitud que adopte al soportar su carga”.

 

La actitud de un buen número de venezolanos en la hora actual es la huída física a otros países, mientras que los que nos quedamos como prisioneros aquí, padecemos una doble dualidad: la de la postración o la de la resistencia. El principal mal que aqueja a los venezolanos victimizados por la crisis, y viviendo nuestro peculiar campo de concentración, es el colapso emocional por el stress, principal fuente de incubación de enfermedades y cánceres. La pérdida de confianza por el futuro genera un desaliento masivo al que nunca se nos preparó como hacerle frente. Crecimos optimistas y hoy nos aplastan ese aliento de vida.

La pelea es peleando. No en vano más de la mitad del país se ha opuesto a ésta barbarie, y a pesar de los golpes y fracasos sigue en pie reivindicando una salida democrática y civilizadora que permita restituir los cauces de una vida social sin tanto trauma. La experiencia de Viktor Frankl como sobreviviente del Holocausto es una invitación a todos los ciudadanos vejados de éste país a no rendir las armas, a evitar el desaliento, y finalmente, hacernos fuertes en la adversidad aunque las evidencias contradigan éste supuesto. Nos sobran metas por las cuáles luchar y mantenernos vivos, y entre ellas, la más importante, es recuperar y rehacer al país. “No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea en la vida”.

 

 

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

@lombardiboscan

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