TRATADO DE LA DESARMONIA


TRATADO DE LA DESARMONIA

 

“Pues lo bello no es más que el comienzo / de lo terrible”. Rilke

 

Trato de mantener el tipo. Todos los días. Me acecha el desencanto y realizo un elogio a la templanza que la realidad venezolana me desmiente con toda su terquedad. La ciudadanía vive mancillada. La sociedad está anarquizada y los referentes políticos de una institucionalidad valida se encuentran desactivados. La esperanza de muchos reside en un evento electoral que las evidencias actuales me hacen descartar.

Crecimos los venezolanos bajo la idea de una hermandad con los colombianos que hoy el régimen contradice. No se puede entender la venezolanidad sin el aporte constructivo de los neogranadinos desde los remotos tiempos coloniales hasta pasar por la Independencia. Ahora, los deportamos, y son el nuevo chivo expiatorio de los desmanes de una clase política extraviada y fracasada que se niega a lo evidente: su salida del poder. “Amemos la patria del otro como la nuestra”, diría un santo partidario del ideal ecuménico.

“La única promesa de futuro para la mayoría, es que mañana todo va a ser peor” (A.L). No quedan a la vista los más esenciales referentes de normalidad social en la vida del venezolano común y de a pie. Todo representa un caos, un clima de pre-guerra civil que invoca al desespero y al canibalismo. Las tensiones de la vida cotidiana van en aumento y no se vislumbra alguna buena voluntad política para restaurar el equilibrio perdido. Cada vida, en su pequeña grandiosidad, padece el drama y se convierte en devoto de una esperanza.

Se acaba de decretar un estado de excepción en la frontera, en el Táchira, como si fuese una novedad. Desde hace años ya, los venezolanos vivimos un estado de excepción que día tras día se ha venido profundizando aún más.

“Cada idea es una responsabilidad”. El fracaso de nuestras elites debe ser medida por su incapacidad de serle fiel a unas ideas desinteresadas de felicidad social. Por el contrario, el poder utilitario, las convierte en rehenes del lucro y la corrupción más desmedida. Y de paso, su mal obrar, una recurrencia del pecado, condena a sus dirigidos a vivir en el infortunio, alejados de la armonía.

Dice el poeta: “Los caminos del lobo son los caminos del hombre. El dolor no gusta de la luz, no resiste la luz. El dolor es un solitario. Como el lobo. ¿Cómo se puede salir del bosque? ¿Cómo encontrar el camino que es todos los caminos? ¿Cómo encontrar un camino en el que al final no nos espere un disparo?”.

Vivimos alejados del centro donde gravita la plenitud, no sólo la individual, sino la colectiva, la pública y social. Hemos sufrido una regresión pasmosa de todos nuestros alientos vitales, de aquello que alimentaba el existir basado en la confianza y el amor. “Sólo la luz sale indemne de esa humedad corrosiva. La luz, que no tiene forma, ni materia. La luz que es la unidad inaprehensible”. Antonio Colinas (1946).

 

 

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

@lombardiboscan

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