DE PROFECIAS


DE PROFECIAS

 

 

Los escenarios del futuro nadie los puede adivinar. Tenemos al optimista que vislumbra un cambio para mejorar la situación del país, primero electoral y luego paulatinamente de carácter institucional con el rescate de entes claves como la Asamblea Nacional, el Poder Moral, el Poder Electoral y sobretodo el Tribunal Supremo de Justicia. Lo del Ejecutivo tendrá que reinventarse también a su debido momento. La economía y su inflación desbocada de igual manera tendrán que empezar a curarse. Ese panorama alentador es el que la inmensa mayoría de los venezolanos queremos. En un plano más terrenal el ciudadano común ya no quiere hacer más colas humillantes y anhela volver a recuperar el poder adquisitivo de su moneda nacional, y algo vital, aspira a volver a vivir sin miedo por el tema de la inseguridad. Mucho hay que hacer para revertir la destrucción chavista, incluso, ir pensando de cómo incorporar a estos en un sentido reconciliador en ésta gran cruzada de recuperar la paz y enterrar el odio entre los mismos venezolanos. Obviamente la libertad inmediata de todos los presos políticos y de conciencia tendría que producirse.

Luego tenemos al que piensa en negativo. Aquí no va a pasar nada sustancial como cambio estructural de una dinámica “revolucionaria” casada con la improvisación y el sometimiento de la institucionalidad a todos los caprichos y arbitrariedades del régimen y la oligarquía socialista en el poder. El país “cambiará para no cambiar nada”, ya sea que ganen los opositores por la mínima o el régimen cometa un fraude que viene anunciando sin disimulo. El escenario configuraría el ahondamiento de la crisis y la profundización de la violencia en todos los ámbitos de la vida nacional. Esto último nos llevaría a una especie de Tercera Vía.

La Tercera vía nadie tampoco la puede predecir. El tema de fondo aquí es que los que participamos del evento electoral creemos en las reglas fundamentales de la democracia, en cambio los que hoy detentan el poder las desprecian. Esta dicotomía hace insalvable esa crucial diferencia porque la transición pactada quedaría abortada por los extremistas gubernamentales incapaces de abandonar por las buenas el proyecto revolucionario que dicen encarnar, que de paso, la Constitución vigente nunca les avaló. Como no hay árbitro institucional creíble y ni siquiera se permite una observación internacional de validez durante los comicios del 6D éste escenario produciría un gobierno de facto ya sin disimulos de ningún tipo y con ello el vital pronunciamiento del estamento militar ya sea como guardia pretoriana o como salvadores de la patria.

ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ

@LOMBARDIBOSCAN

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